viernes, junio 22, 2007

Anécdotas curiosas Vol. 20: La chica plástica

Una tarde en México –un país con un concepto muy raro de la estética- estaba almorzando en un centro comercial, cuando la vi. No pude evitar fijar mi vista en ella, porque algo no me cuadraba. Algo me llamó la atención. Algo me pinchó el ojo. Pero no sabía qué era. Así que, con el disimulo de rigor, me dispuse a descubrirlo. No tardé mucho: Una de sus manos era notablemente grande. Mucho más grande de lo que debería, considerando la estatura y la contextura de ella. Semejaba el episodio de Seinfeld, en el que sale con una chica de manos enormes y varoniles, que distraen su atención en todo momento. Así me sucedió a mí. La mano izquierda de la chica se adueñó de mi concentración. Miré entonces la derecha y ¡Diantres!, era de tamaño normal. Eso me pareció aún más curioso. Decidí hacer un recorrido visual medio a reojo del lado izquierdo de su cuerpo, a ver si el fenómeno se repetía. Y cuando mi mirada fue recorriendo más allá de la mano, vi lo más insólito: el antebrazo iba reduciéndose consistentemente y la piel alcanzaba tonos cada vez más azulados, hasta terminar en un color definitivamente verde agua, rematado por lo que parecía una pequeña manga elástica color carne, a escasos centímetros del codo.

El momento fue un desafío importante al disimulo facial. Es todo un reto no abrir completamente los ojos y arquear las cejas, ante semejante escena. El brazo plástico era muy extraño. Una mano muy grande, una piel azulada, una manga elástica. E inerte. Encima, era inerte. No podía brindarle a la chica ninguna utilidad, más allá de una funcionalidad estética nada funcional y nada estética. Se notaba que tuvo tiempos mejores, el miembro postizo. Porque su material buscaba imitar la piel humana, con pecas, líneas y lunares. Pero ahora, era azul.

Una avalancha de preguntas inundó a mi mente: ¿Por qué tenía eso puesto? ¿Para que la gente no notara que le faltaba una mano? ¿De verdad la gente es tan importante? Y, supongamos que de verdad la gente fuera tan importante, ¿No creen que llama más la atención un antebrazo azul que una ausencia total de una mano? Yo he visto muchas personas a quienes les falta una mano, y el asunto no llama especialmente mi atención, porque es algo definitivamente más común que un antebrazo azul. Eso es un imán para los ojos de cualquiera. Por eso digo que el concepto de la estética en México es un poco raro: la gente prefiere tener una mano plástica y un antebrazo plástico azul, que no tener nada. Es raro, ¿No?

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