Reflexiones de una mente sin oficio Vol. 14: En el ascensor

Actualmente trabajo en el último piso de un edificio, el piso 15, el PH. Normalmente la gente suele alabar los últimos pisos, porque asume que dada la altura, la vista debe ser espectacular. Este edificio de hecho consta con una linda vista, pero sólo puede disfrutarse desde algunas oficinas, entre las cuales ciertamente no se encuentra mi estación de trabajo.
Pero el no poder apreciar la vista de la ciudad es la menor de las desventajas de estar en el último piso. Lo peor de estar en el último piso es el ascensor. Uff, el ascensor. El ascensor constituye un momento diario de pesadilla para mí y para la mayoría de los que conozco. Normalmente uno evita las molestias típicas de ese aparato, evitando subirse cuando están abarrotados de personas. Esa decisión es siempre la más sana y señala una clara visión de futuro de quienes la toman. Porque en el supuesto caso de que ese ascensor considere prudente dañarse con ese gentío adentro, ¿Qué sería de la vida de ese gentío? ¿Cómo harían para sobrevivir en un espacio en donde no hay oxígeno ni para la mitad de esas personas? Sería una locura, una de mis peores pesadillas, no sé si morirían de asfixia, de histeria colectiva o de un canibalismo desesperado, luego de horas de encierro y hambre ahí, por Dios.
Sin embargo, en el edificio donde trabajo -que tiene un centro comercial en los primeros pisos- se hace realmente difícil dejar ir a los ascensores llenos para tomar uno vacío. Porque tardan tanto para llegar, son tan lentos esos elevadores, que preservar la vida evitando los abarrotados, puede traducirse en un retraso importante en la llegada a la oficina. Y de igual manera, tomar un ascensor vacío puede no librarme de una muerte segura y terrible, porque en el camino a los quince pisos que me toca recorrer día a día, puede llenarse completamente y sin piedad, el fulano ascensor.
Pero como siempre, son las especies que encontramos en ellos las que hacen aún más insufribles la experiencia en el ascensor. Sin más, paso a describirlas:
1.- Las personas (en su mayoría, señoras de la tercera edad) que no tienen idea del piso al que necesitan ir: ¿Mija, dónde queda la librería aquí? ¿Cómo que no sabes? ¿Pero y tú no trabajas aquí? La respuesta que correspondería:“Exactamente, señora, yo trabajo aquí, por lo cual voy a mi oficina y no me ando paseando por el centro comercial a ver dónde infiernos queda la librería”. Sin embargo -ante todo, dama- nunca incurro en la mala educación. En respuesta, les digo cualquier piso y listo. Total, lo que me interesa es que se bajen, donde sea, no importa, porque yo lo que quiero es llegar a mi trabajo, en el último piso.
2.- Las personas indecisas: “Déjame ir al C2, al banco. (y presionan el botón de C2 en el ascensor). ¡Ah, no! ¡Verdad que el banco queda es en C1! (seguidamente presionan el C1). Chica, mejor paso primero por el Excelsior, pa’ ve’ si hoy hay azúcar (Obviamente, botón de PB con eso, que es donde queda el Excelsior Gama). Y luego se voltean y te sonríen como si el apretar tantos botones como su antojo le indica, fuera motivo de sonrisa para los infelices que trabajamos ahí y que tenemos ahora que detenernos en cada piso que ella tuvo a bien presionar. Estas son las peores para mí. Porque por ellas, se hace aún más lento mi proceso de llegada al trabajo, en el último piso.
3.- Los conversadores tipo A: vienen conversando desde fuera del ascensor y continúan la conversa una vez adentro, sin importar si quedan cerca o lejos el uno del otro, o si tienen personas en medio. Ellos simplemente continúan hablandito, aumentando el tono de voz tanto como sea necesario, hasta que llegan a su destino, que siempre es más cerca que el mío, porque yo trabajo en el último piso.
4.- Los conversadores tipo B: se encuentran casualmente en el ascensor. Y al igual que el tipo A, entablan una conversación sin importar cuán lejos o cerca estén el uno del otro. Si hay que levantar la voz, se levantará tanto como sea necesario, no importa. Esta conversación terminará cuando alguno de los dos llegue a su destino. Sin embargo, en este tipo de conversador, se observa una actitud inclusive peor que la propia tertulia desconsiderada: cuando el primero de ellos llega a su destino, sale del ascensor conversando con el que continúa adentro y detiene la puerta del aparato (no vaya a ser que se cierre y lo interrumpa en su charla) hasta tanto no termine de ponerse al día con su amigo y despedirse como corresponde. A veces he deseado que las puertas del ascensor burlen el sensor y se cierren sin piedad para yo poder llegar a mi trabajo, en el último piso.
5.- Los conversadores tipo C: Hablan por el celular. De igual manera, suben el tono de voz si es necesario, no importa nada. Si se va la señal –como sucede en todo ascensor- seguro eso se arreglará gritando “ALÓ, ALÓ, NO TE OIGO, ALÓ, ¡ES QUE ESTOY EN EL ASCENSOR!” Estos tres tipos de conversadores son igual de molestos. El espacio del elevador es simplemente muy reducido como para hablar en tan alta voz adentro. Y no sé por qué sucede, no sé si el entrar en el ascensor los ensordece, pero todos gritan cuando hablan. Y es una cuestión de consideración con los demás también, que en la mayoría de los casos, no estamos interesados en nada de lo que estas personas hablan. Sobre todo si lo que queremos es llegar a nuestro lugar de trabajo, en el último piso.
5.- Las personas que se creen el cartelito que indica la capacidad de carga del ascensor: ¿De verdad creen que ahí caben 17 personas? ¿De verdad se lo creen? ¡Por favor! ¿Qué tiene que pasar para que entiendan que está full? ¿Que no cabe NADIE más? Es sencillo: no caben. Y si insisten en caber, el ascensor puede decidir no subir, sin importar si hay 17 o menos ahí adentro. Gracias a Dios, para el momento en que llego a mi destino, ya todos se han bajado, porque pocas veces alguien va, como yo, a su trabajo en el último piso.
6.- Los que suben al ascensor fumando: Sin comentarios.
7.- Los que preguntan si el ascensor va subiendo o bajando: Es muy sencillo, vea la flecha sobre el ascensor, ahí indica claramente si sube o si baja, no hay pele.
8.- Los que llaman el ascensor para subir y/o bajar, sin importar para dónde van ellos: normalmente son preguntones también, y si el ascensor no va para donde ellos quieren, no se suben. Ahí se delata su mala maña de llamar al ascensor con los dos botones, en un acto de completo egoísmo para los que, como yo, sólo intentamos llegar a nuestro trabajo, en el último piso.
Y es que el ascensor es un mal necesario. Y todo es peor si trabajas en el último piso.
Pero el no poder apreciar la vista de la ciudad es la menor de las desventajas de estar en el último piso. Lo peor de estar en el último piso es el ascensor. Uff, el ascensor. El ascensor constituye un momento diario de pesadilla para mí y para la mayoría de los que conozco. Normalmente uno evita las molestias típicas de ese aparato, evitando subirse cuando están abarrotados de personas. Esa decisión es siempre la más sana y señala una clara visión de futuro de quienes la toman. Porque en el supuesto caso de que ese ascensor considere prudente dañarse con ese gentío adentro, ¿Qué sería de la vida de ese gentío? ¿Cómo harían para sobrevivir en un espacio en donde no hay oxígeno ni para la mitad de esas personas? Sería una locura, una de mis peores pesadillas, no sé si morirían de asfixia, de histeria colectiva o de un canibalismo desesperado, luego de horas de encierro y hambre ahí, por Dios.
Sin embargo, en el edificio donde trabajo -que tiene un centro comercial en los primeros pisos- se hace realmente difícil dejar ir a los ascensores llenos para tomar uno vacío. Porque tardan tanto para llegar, son tan lentos esos elevadores, que preservar la vida evitando los abarrotados, puede traducirse en un retraso importante en la llegada a la oficina. Y de igual manera, tomar un ascensor vacío puede no librarme de una muerte segura y terrible, porque en el camino a los quince pisos que me toca recorrer día a día, puede llenarse completamente y sin piedad, el fulano ascensor.
Pero como siempre, son las especies que encontramos en ellos las que hacen aún más insufribles la experiencia en el ascensor. Sin más, paso a describirlas:
1.- Las personas (en su mayoría, señoras de la tercera edad) que no tienen idea del piso al que necesitan ir: ¿Mija, dónde queda la librería aquí? ¿Cómo que no sabes? ¿Pero y tú no trabajas aquí? La respuesta que correspondería:“Exactamente, señora, yo trabajo aquí, por lo cual voy a mi oficina y no me ando paseando por el centro comercial a ver dónde infiernos queda la librería”. Sin embargo -ante todo, dama- nunca incurro en la mala educación. En respuesta, les digo cualquier piso y listo. Total, lo que me interesa es que se bajen, donde sea, no importa, porque yo lo que quiero es llegar a mi trabajo, en el último piso.
2.- Las personas indecisas: “Déjame ir al C2, al banco. (y presionan el botón de C2 en el ascensor). ¡Ah, no! ¡Verdad que el banco queda es en C1! (seguidamente presionan el C1). Chica, mejor paso primero por el Excelsior, pa’ ve’ si hoy hay azúcar (Obviamente, botón de PB con eso, que es donde queda el Excelsior Gama). Y luego se voltean y te sonríen como si el apretar tantos botones como su antojo le indica, fuera motivo de sonrisa para los infelices que trabajamos ahí y que tenemos ahora que detenernos en cada piso que ella tuvo a bien presionar. Estas son las peores para mí. Porque por ellas, se hace aún más lento mi proceso de llegada al trabajo, en el último piso.
3.- Los conversadores tipo A: vienen conversando desde fuera del ascensor y continúan la conversa una vez adentro, sin importar si quedan cerca o lejos el uno del otro, o si tienen personas en medio. Ellos simplemente continúan hablandito, aumentando el tono de voz tanto como sea necesario, hasta que llegan a su destino, que siempre es más cerca que el mío, porque yo trabajo en el último piso.
4.- Los conversadores tipo B: se encuentran casualmente en el ascensor. Y al igual que el tipo A, entablan una conversación sin importar cuán lejos o cerca estén el uno del otro. Si hay que levantar la voz, se levantará tanto como sea necesario, no importa. Esta conversación terminará cuando alguno de los dos llegue a su destino. Sin embargo, en este tipo de conversador, se observa una actitud inclusive peor que la propia tertulia desconsiderada: cuando el primero de ellos llega a su destino, sale del ascensor conversando con el que continúa adentro y detiene la puerta del aparato (no vaya a ser que se cierre y lo interrumpa en su charla) hasta tanto no termine de ponerse al día con su amigo y despedirse como corresponde. A veces he deseado que las puertas del ascensor burlen el sensor y se cierren sin piedad para yo poder llegar a mi trabajo, en el último piso.
5.- Los conversadores tipo C: Hablan por el celular. De igual manera, suben el tono de voz si es necesario, no importa nada. Si se va la señal –como sucede en todo ascensor- seguro eso se arreglará gritando “ALÓ, ALÓ, NO TE OIGO, ALÓ, ¡ES QUE ESTOY EN EL ASCENSOR!” Estos tres tipos de conversadores son igual de molestos. El espacio del elevador es simplemente muy reducido como para hablar en tan alta voz adentro. Y no sé por qué sucede, no sé si el entrar en el ascensor los ensordece, pero todos gritan cuando hablan. Y es una cuestión de consideración con los demás también, que en la mayoría de los casos, no estamos interesados en nada de lo que estas personas hablan. Sobre todo si lo que queremos es llegar a nuestro lugar de trabajo, en el último piso.
5.- Las personas que se creen el cartelito que indica la capacidad de carga del ascensor: ¿De verdad creen que ahí caben 17 personas? ¿De verdad se lo creen? ¡Por favor! ¿Qué tiene que pasar para que entiendan que está full? ¿Que no cabe NADIE más? Es sencillo: no caben. Y si insisten en caber, el ascensor puede decidir no subir, sin importar si hay 17 o menos ahí adentro. Gracias a Dios, para el momento en que llego a mi destino, ya todos se han bajado, porque pocas veces alguien va, como yo, a su trabajo en el último piso.
6.- Los que suben al ascensor fumando: Sin comentarios.
7.- Los que preguntan si el ascensor va subiendo o bajando: Es muy sencillo, vea la flecha sobre el ascensor, ahí indica claramente si sube o si baja, no hay pele.
8.- Los que llaman el ascensor para subir y/o bajar, sin importar para dónde van ellos: normalmente son preguntones también, y si el ascensor no va para donde ellos quieren, no se suben. Ahí se delata su mala maña de llamar al ascensor con los dos botones, en un acto de completo egoísmo para los que, como yo, sólo intentamos llegar a nuestro trabajo, en el último piso.
Y es que el ascensor es un mal necesario. Y todo es peor si trabajas en el último piso.

5 Comentarios:
Demasiado bueno! El ascensor es una tragedia!
Rocio, mis más sinceras y respetuosas felicitaciones en el día internacional de la mujer.
¡Qué buen post,he sufrido un mundo, ¿será que soy un poco masoquista? De verdad, cuando leí tu post sentí al final tres sentimientos que me hicieron pensar estas reflexiones:
1º-Sentí compasión cristiana por ti, por ese calvario al que debes enfrentarte cada día en ese bendito ascensor; vives una odisea para llegar y partir de tu trabajo ¡uuf!.
2º-Sentí uténtica claustrofobia, de solo imaginar estar encerrado en ese ascensor con toda la gente, haciendo todo lo que describes.¡auxilio!
3º-Sentí alivio por ti y por mi. Por mi, porque al darme cuenta con penoso e inconfesable egoismo, que no trabajo en un piso elevado no estoy sometido diariamente a tan terrible pesadilla (que pena).
Por ti,porque a pesar del suplicio chino al que debes enfrentarte diariamente, al menos gracias a Dios, no tienes que subir ni bajar las escaleritas tantos pisos, sino esperar que se desocupe con paciencia, el "bendito" ascensor. ¿Qué tal?.
Un gran saludo.
Muchas gracias por tu empatía, Arcángel. Es ciertamente penoso tener que vivir a diario lo que cuento en este post, pero bueno, ¡Así es la vida! Y sí, sería peor si fuera por escaleritas...
Hola Rocio!!!!
Como a todo hay que verle el lado positivo, el calvario de ascensor tambien lo tiene. Ese sufrimiento ha hecho que puesdas escribir una historia mas en tu blog y que me parecio demasiado buena y ademas me fascina como escribesssssssssssssssssssssss, besos
frosy
¡¡Gracias, Frosy!! ¡¡Qué lindo que pasaste, leíste y comentaste!!
Muchos besos para todos, los quiero y los extraño,
Rocío
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