Reflexiones de una mente sin oficio Vol. 7: Sobre mi sobrina, la celebridad. Parte II

Cuando la vi, cinco meses después de la última vez, lo primero que alcancé a decir fue: “En persona es igualita a las fotos”. Tal como piensa uno cuando ve a una celebridad que luce como en sus fotografías. La detallaba. Un poco más gordita, más grande, pero con la misma carita.
Cuando llegamos a la fiesta de Acción de Gracias, fue la sensación del lugar. Con su vestido de raso, cautivó a los presentes y los flashes la bañaban desde todos los ángulos. Todos tomaban fotos y fotos, con su tío Fulano, con el primo Mengano… “Qué linda Sophia” “Qué bello vestido, ¿Dónde lo compraron?” “Por favor, luego mándenme fotos de ella para mostrárselas a mis amigos”. Desde algún lugar, alguien la estaba mirando, alguien distinto la cargaba, todos atentos a sus movimientos. Y fue lo primero que todos agradecimos esa noche: la presencia en nuestras vidas de Sophia, la celebridad.
Cuando llegamos a la fiesta de Acción de Gracias, fue la sensación del lugar. Con su vestido de raso, cautivó a los presentes y los flashes la bañaban desde todos los ángulos. Todos tomaban fotos y fotos, con su tío Fulano, con el primo Mengano… “Qué linda Sophia” “Qué bello vestido, ¿Dónde lo compraron?” “Por favor, luego mándenme fotos de ella para mostrárselas a mis amigos”. Desde algún lugar, alguien la estaba mirando, alguien distinto la cargaba, todos atentos a sus movimientos. Y fue lo primero que todos agradecimos esa noche: la presencia en nuestras vidas de Sophia, la celebridad.

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