Reflexiones de una mente sin oficio Vol. 3: Hablamos español, pero no el mismo idioma
Siempre he encontrado curioso el hecho de que en la mayoría de los países de Latinoamérica hablemos español, pero que, sin embargo, no hablemos exactamente el mismo idioma. Una palabra puede tener múltiples significados en cada país. Y la posibilidad de malentendidos que esto implica es importante. Para los venezolanos y los mexicanos, por ejemplo, un/a “pendejo/a” es una persona tonta, estúpida. En cambio, para los argentinos, un/a “pendejo/a” es un/a joven, un/a chico/a, un/a adolescente. Si a usted un venezolano o un mexicano le dice que parece pendejo, usted está siendo víctima de un insulto frontal, le están diciendo que es el ser más estúpido sobre la faz de la tierra. Pero si un argentino le dice a usted que parece un pendejo, le está haciendo un cumplido a su juvenil apariencia, le está diciendo que luce muy joven, muy bien para su edad o para las circunstancias. Es curioso, ¿no? Algo que es un insulto frontal en un país, puede ser un lindo cumplido en otro. Una vez, estando en México, surgió un malentendido con la mencionada palabrita “pendejo” y sus significados. En una oficina mexicana, un amigo argentino se estaba quejando con sus compañeros -también argentinos- de un joven mexicano que estaba dándole órdenes e instrucciones totalmente fuera de lugar. El amigo argentino entonces dijo:
-A mí ningún pendejo va a venir a decirme lo que hacer.
El joven mexicano estaba justo detrás y al escuchar que fue llamado “pendejo” se ofendió terriblemente. Afortunadamente, el malentendido se resolvió y allí quedó. O al menos eso creemos.
Es común también escuchar en películas argentinas (sucede en “El hijo de la novia”, por ejemplo) a un personaje decir algo parecido a:
-Cuando yo era pendejo, me gustaba jugar al fútbol.
En Venezuela diríamos “¿Cómo? ¿Qué estás diciendo? ¿Que antes eras pendejo y ahora no lo eres? ¿O que el fútbol es una cosa de pendejos? ¡El fútbol no es ninguna pendejada, y los que lo juegan, ciertamente no son pendejos!". Y es gracioso, porque en realidad el personaje sólo se está refiriendo al fútbol que le gustaba jugar en su infancia.
Las conchas, en Venezuela, son las cáscaras de las frutas, también el hogar de ostras, de los mejillones, de las perlas marinas. En México, las conchas son una especie de bizcocho dulce, infaltable en un desayuno tradicional de ese país. Pero en Argentina y en Chile, la concha, es la parte íntima femenina. La vagina, pues. Los argentinos pueden morir de la risa frente a los anuncios en las panaderías mexicanas “Tenemos conchas como la de tu mamá”. Los venezolanos podemos morir de la risa frente al insulto argentino “La concha de tu hermana” (¿Cómo? ¿Cómo es que tu hermana tiene concha?), ¿Tu hermana es acaso un cambur, o un mango?) los argentinos podrían morir de la risa al saber que los mexicanos mojan la concha en leche para el desayuno…
Y bueno, casos como estos, hay muchos. Esto fue sólo una introducción para mostrarles el comercial que vi anoche en la televisión mexicana y que casi me hace caer de la cama de la risa. Amigos venezolanos, disfruten. Amigos extranjeros, pregúntenme por qué los venezolanos reímos a carcajada suelta frente a este comercial y les contestaré con todo gusto.

7 Comentarios:
JAJAJAJA! Qué bueno el comercial!
En Perú pendejo es ser un vivo!
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
Hace unos años, estaba en Puerto Rico en un congreso de estudiantes de Periodismo, y de paseo por un centro comercial se me ocurriò pedir un refresco "con pitillo"... un amigo boricua me dijo: niñaaaaaa estás loca, aqui pitillo es droga, ni se te ocurra repetir eso...
jeje yo me quedé con los ojos claros y sin vista...
saludos
@>-->-
Interesantes reflexiones sobre la diversidad de dialectos; en realidad es muy rico nuestro lenguaje de origen castellano; es "increible" que hablemos el mismo idioma desde la patagonia a Nuevo México, y existan tantas palabras de significados distintos y hasta ambiguos; variedad de culturas y habitos tan disímiles.Pero precisamente eso es lo más estimulante, las diferencias que le dan lustre al idioma "español" que hablamos en hispanoamerica. Por lo demás, imagino a una dama pidiendo esa ave en un restaurante lujoso en Maracaibo. Felicitaciones me encantó tu trabajo. Un gran saludo.
Yo quiero saber qué piensa Adolfo de todo esto. A lo mejor le parece todo una pendejada digna de una reflexión nada pendeja.
Un beso y a un abrazo
Mil Orillas: ¿En Perú es ser un vivo? Mira tú... quién lo diría...
Laura: Sí, JAJAJAJAJAA
Anazam: ¡El pitillo! hay tantas maneras... popote, pajilla, pajita...
Arcángel Vulcano: muchas gracias por tu comentario. Espero sigas visitando. (Ni hablar de pedir este trago en Maracaibo, las consecuencias pueden ser graves).
Jose: Sí, ¡Ja! Seguro él tendría una opinión insólita, con al menos un copy-paste garantizado.
Gracias a todos por pasar, leer y comentar. Qué lindo que les haya gustado el post. Es un placer recibirlos.
Hola Rocío, muy bueno tu blog... me he reido mucho con tus anécdotas.
Hace años viví en Texas con mis papás. Teníamos un vecino chicano de nombre Jaime que hablaba un spanglish rajao con acento norteño. Su familia se fue haciendo amiga de la nuestra y en medio de alguna reunión Jaime le dijo a mi papá "Órale Vicente ¡Te aventaste!"
Mi papá medio se ronrojó pero como nadie le hizo mucho caso a la cosa se hizo el loco él también y dejó eso así. Pero como al tercer "Órale Vicente ¡Te aventaste!" mi papá le preguntó "¿Es que huelo mal? porque que yo sepa no me he echado ningún peo".
Hoy en día todavía nos reimos y fue muy buen antecedente porque si no quien sabe que lío se hubiera formado el día en que mi papá le pidió la cola a la cuñada de Jaime. "El aventón Vicente, el aventón"...
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