Reflexiones de una mente sin oficio Vol. 9: En los aviones (o autobuses voladores)
Cuando yo era pequeña, la única oportunidad al año que tenía de subir a un avión era cuando viajábamos a Margarita, en las vacaciones escolares. Ese recorrido duraba aproximadamente 45 minutos. Con el regreso, sumaban 90 minutos. Para mí, eran los mejores 90 minutos del año. 90 minutos en pleno aire. 90 minutos volando. Yo no perdía ni un segundo. Me encantaba ver cómo las casas, los edificios, los carros, todo se hacía chiquitico a medida que yo iba subiendo. No me perdía ni un segundo de la vista. Me parecía de lo más chic viajar. Prestaba ávida atención a todo el paisaje desde la ventanita. Todo era mar, pero no importaba. Eran 45 minutos de mar visto desde arriba. Lo máximo.Pero cuando uno va creciendo, las cosas divertidas de la infancia se tornan más bien aburridas. Y el viajar no fue excepción (me refiero exclusivamente a la acción de viajar en el avión, no de viajar a conocer, eso me encanta, me refiero únicamente al traslado aéreo, desde el aeropuerto de origen hasta el aeropuerto de destino). Sobre todo desde que siento que los aviones son fácilmente comparables con los autobuses. Ahora los percibo como autobuses voladores. Cuando viajaba a Margarita, para mí sólo existían el avión y yo. Lo demás, no importaba. Ahora, hay unas cuantas especies humanas que hacen del viajar algo no tan placentero. Que me hacen sentir en un autobús común y corriente, no en el confort de un avión. Claro que esto depende del nivel de suerte que tenga el viajero, por supuesto. Me permito enumerarlas para ustedes:
1.- Los pasajeros que se toman todo su tiempo en el pasillo, acomodando su equipaje: Hablemos claro. En la gran mayoría de las aerolíneas sólo permiten dos piezas de tamaño cada vez más reducido. La pieza más grande debe ir en el compartimiento de arriba. Y la pieza pequeña, debajo del asiento debajo de usted. Entonces, siendo esto así, ¿Por qué hay personas que se toman una eternidad en colocar una maleta en un compartimiento superior? ¿Es que el pasillo es tan cómodo así como para permanecer absolutamente atravesado durante tanto rato? Es curioso, pero muchos vuelos albergan a esta especie que tanto retrasa el abordaje a las aeronaves.
2.- Las aeromozas descorteses: Hay aeromozas de aeromozas. Las que fingen no hablar tu propio idioma, o los otros que sabes hablar, cuando fácilmente puede ser hasta compatriota tuya. Una vez me ocurrió en un vuelo de Air France. La mujer me hablaba en francés, sin hacer el más mínimo esfuerzo por comprender que yo sólo entendía bonjour y merci. Y ninguna de esas dos palabras me servían para explicarle que todos los compartimientos para el equipaje de mano estaban ocupados y que yo no sabía dónde encasquetar el bolso de mochilera que cargaba. Después, la vi hablando en perfecto inglés, cuando a mí me había despreciado mis varios intentos de explicarle mi situación en esa lengua. Me miraba como si le estuviera hablando en mandarín. Creo que los distintos cursos de francés que he tomado desde entonces, han sido una especie de venganza contra ella y su falta de colaboración. Otro tipo de aeromoza despreciable es el correspondiente a las amargadas gratuitas. Simplemente la amargura es su estado natural y los viajeros tienen que entenderlo y atenerse a ello. Siempre he pensado que debe ser por el peinado. ¿Quién puede ser feliz con esos moños tan tensos que se hacen esas mujeres? El pelo tan estirado hacia atrás convierte en asiáticas hasta a las más occidentales. Es tanta la tensión del moño que estira la cara y se rasgan hasta los ojos, pobres. También he pensado que puedan ser los zapatos, o el uniforme, o el maquillaje. Los zapatos son altos. El uniforme luce incomodísimo: camisas con volantes y con corbata, cerradas hasta arriba. El maquillaje es exagerado también. Algunas aeromozas se me han antojado travestis con toda esa pintura en la cara. Comprendo que esa combinación del peinado, el maquillaje, el uniforme y los zapatos, pueda producir amargura hasta en la persona más feliz. La amargada que recuerdo con más gracia fue una aeromoza de Aeropostal. Por alguna razón, el aire acondicionado del avión permaneció apagado hasta después del despegue, así que el calor era de fábula. Esta chica pasó entonces por el pasillo, abanicándose el rostro sudado con una de las revistitas esas que están en el bolsillo de los asientos. Mientras trataba de airearse batiendo la revista, miraba disgustada hacia los lados en su caminar por el pasillo, diciendo: “Abróchense lo’ cinturonejn, abróchense lo’ cinturonejn”.
3.- Los pasajeros que no se bañan antes de viajar: Hay personas (en su mayoría de países no americanos) que optan por no bañarse antes del vuelo. A veces, el último baño ha tenido lugar días o incluso semanas antes del viaje. El individuo entonces llega con un olor a cebolla macerada que no deja vivir a sus compañeros pasajeros durante el encierro del trayecto.
4.- La tripulación que no habla bien los idiomas: Este es un momento gracioso garantizado en la mayoría de los vuelos: Cuando la tripulación habla por los altoparlantes del avión, normalmente lo hacen en varios idiomas. Regularmente uno de esos idiomas está tan mal pronunciado que, no sólo no se entiende, sino que se convierte en un motivo de risas durante la transmisión. El piloto puede estar diciendo “Debemos realizar un amerizaje de emergencia, las probabilidades de morir son altas” y su pronunciación siempre será inentendible y risible. Es mucho más cómodo viajar cuando entiendes más de un idioma, porque así tendrás más oportunidad de enterarte de lo que sucede, en el único idioma que hable bien los miembros de la tripulación.
5.- Los pateadores de asientos: Esta especie no sólo está en el cine. En los aviones también podemos encontrar pateadores traseros de asientos. Y no sólo eso, también hay personas obsesionadas con la mesita. La abren, la cierran, la abren de nuevo, la vuelven a cerrar. Y si uno es el desafortunado ocupando el asiento delante del obsesivo con la mesita, el bamboleo es insoportable. Normalmente estos pasajeros fascinados con la mesa, no suelen pasar los doce años. Pero si te toca el ejecutivo adicto al trabajo como vecino trasero de asiento, puedes ser víctima del molesto bamboleo, porque en algún lado tiene que poner su laptop para no perder tiempo de trabajo durante el vuelo. En ese caso puedes rezar porque el aparato tenga problemas de energía, así la batería no durará mucho y el bamboleo será siempre más breve.
6.- El/La conversadora: Son esas personas que no se aprovisionan de entretenimiento para el viaje, porque cuentan con que siempre podrán conversar con su vecino de asiento. Por tanto, prescinden de todo tipo de libros, revistas, periódicos, Ipods, mp3 players y todo lo que pueda significar un peso extra y una incomodidad, porque, total, siempre podrán contar con conversar con alguien más.
7.- Los que no llevan bolígrafo: Hay gente que olvida por completo que en el avión se llenan planillas de aduana y de entrada al país destino. Y por tanto, NUNCA tienen bolígrafo. Deben recurrir al favor ajeno siempre.
8.- Los que se duermen durante el vuelo y roncan: Es una linda manera de amargarle el vuelo a los que no soportamos el ronquido. No puede ser que pierdan tanto control de sí mismo.
9.- Los lectores nocturnos: Se complacen leyendo en los vuelos de noche. En vez de dormir, como se debe hacer a esas horas, el lector enciende su lamparita, alumbrando así la aeronave y los rostros de quieres preferirían dormir en oscuridad. Nice.
10.- Los sordos: Conversan a un volumen bastante elevado de voz. Así sus compañeros de viaje podrán estar enterados de todo cuanto él comenta.
11.- Los pasajeros con problemas de gases: Por favor, quien no haya sentido en un avión la flatulencia despedida del cuerpo indispuesto de alguien, considérese afortunado. A mí me ha pasado y es de las cosas más desagradables del mundo. Además, no sé, pero a esa altura, los olores permanecen más tiempo, no sé.
Lo bueno de todo esto es que estas especies desaparecen de nuestras vidas una vez que llegamos a nuestro destino. Sólo nos acompañan durante unas horas y luego se funden en la masa de turistas que abarrota los aeropuertos diariamente. A los que vayan a viajar por las fiestas, traten de no formar parte de estos especímenes cuando aborden el avión y, sobre todo, traten de mantenerse alejados de ellos. Abróchense los cinturones y ¡Felices Fiestas!

1 Comentarios:
Tengo un compañero de trabajo que usa como correa un cinturon de seguridad de aviones y sabes que los colecciona. Me cuenta que cada vez que viaja los arranca y ya sabe inclusive un truco para sacarlos completicos sin romperles el gancho, despues de formarle un escandalo me dijo que ya no lo hace pero el legado quedo en manos de primos y amigos, que te parece?
Fidel Rodriguez
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