Anécdotas curiosas Vol. 18: En el cine con los adolescentes
Cierta vez fui al cine con mis amigos Jesús y Luis Eduardo. Estábamos en la fila de la compra de entradas, justo detrás de dos adolescentes que no paraban de hablar mientras avanzaban hacia la taquilla. Una vez allí, comenzó el siguiente diálogo.Vendedor de la taquilla: Buenas noches, ¿Qué película desean ver?
Adolescente 1: Crash.
Vendedor de la taquilla: ¿Cuántas entradas desean?
Adolescente 1: ¿Cuántos somos?
Adolescente 2: Chamo, no sé. ¿Peggy ya confirmó que venía?
Adolescente 1: Sí, ya viene.
Adolescente 2: Contemos entonces.
Y utilizando los dedos de ambas manos, Adolescente 2 procedió a sumar.
Adolescente 2: La Peggy, Yoli, Bemba, la novia de Bemba, Caqui, Tomy, Nena...
Adolescente 1: Morocha, Tuti, Ricky, Monchi, tú y yo. –Dirigiéndose al joven de la taquilla-: Son doce entradas.
Adolescente 1: Chamo ¿Estás seguro? Contemos de nuevo, no vaya a ser que se nos quede alguien afuera., Tuti, Morocha, Yoli, Bemba, la novia de Bemba, Nena Ricky, Caqui, tú y yo. Somos diez.
Adolescente 2: ¿Y la Peggy? ¿No ique venía?
Adolescente 1: Sí, entonces somos once. Ya va chamo, Caqui, Nena, Yoli, Tomy, Bemba, la novia de Bemba, Caqui…
Adolescente 2: Chamo, ya habías contado a Caqui…
A todas estas, ya Jesús, Luis Eduardo y yo empezábamos a desesperar. Nuestra película estaba por empezar, los niños parecían no cansarse de mal contar una y otra vez, con su enredo de lengua sifrino, los motes de todos los otros – que seguramente conformarían una de esas pandillas azotes de la salas de cine- y en mis adentros yo deseaba que se equivocaran siempre por defecto, que contaran menos de los que eran, para que en la sala entraran la menor cantidad de niños posible. Pero ellos querían cerciorarse una y otra vez de que NADIE se quedara afuera, que esa noche no faltaran en el cine Yoli, Caqui, Nena, Ricky y mucho menos Bemba y la novia de Bemba.
Adolescente 1: Bueno, entonces somos Tomy, Yoli, Morocha, Bemba, la novia de Bemba, Tuti, Monchi, Caqui, Nena, Ricky, Peggy, tú y yo. Somos catorce.
Vendedor de la taquilla: Yo conté trece…
Adolescente 2: ¿Trece?
Cuando el vendedor de la taquilla comenzó a formar parte del diálogo, se liberó otra de las ventanillas y entonces nosotros pasamos felices a comprar nuestras entradas. Teníamos varias razones para ser felices. La primera era que finalmente podríamos adquirir nuestros boletos para ver la película que estaba a punto de comenzar. La segunda, era que esa película no era Crash, así que estaba garantizado que nuestra sala estaría libre de Caqui, Monchi, Bemba, la novia de Bemba, Peggy y todos esos once, doce, trece o catorce adolescentes que con toda seguridad atormentarían esa sala hasta la desesperación. Y la tercera, era no ser el vendedor de esa taquilla, escuchando una y otra vez esa lista interminable de nombrecitos y el despliegue de matemática brillante de los adolescentes 1 y 2.

0 Comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]
<< Página Principal