sábado, abril 14, 2007

Reflexiones de una mente sin oficio Vol. 17: Los ronquidos

Roncar es una cosa seria, vale. Es algo que muchos hacen, sin distinción de edad, sexo, peso o medida. Yo solía asociarlo a gente con sobrepeso, a durmientes borrachos, a afectados dueños de tabiques desviados, a fumadores empedernidos, a personas de edad avanzada… pero conforme fui creciendo, me di cuenta de que no es exclusivo de nadie… es algo que pueden hacer muchos, sin explicación aparente.

He visto roncar a mujeres jóvenes y delgadas, a mujeres viejas y gordas, a hombres borrachos, sobrios, flacos, gordos, jóvenes, viejos, lindos, feos, a perros viejos, a perros jóvenes, a niños asmáticos, a niños con gripe, a niños sanos. Lo único que encuentro tienen en común los roncadores –y que me perdonen todos ellos- son las siguientes cosas:

1.- Niegan fervientemente el hecho de que roncan: No he conocido a la primera persona que admita sin titubear, que ronca. Nadie, NADIE, me ha respondido “Sí, yo ronco. Y bastante, ¿Oíste?” cuando pregunto sobre los ronquidos.

2.- Si no lo niegan, entonces tratan de disfrazar la verdad tras respuestas falsas: “No, yo no ronco, en serio”, “Bueno, no que yo sepa, nadie me lo ha dicho hasta ahora” y “Sólo cuando duermo boca arriba, si me muevo, dejo de roncar enseguida”. Nada de esto es cierto. No se dejen engañar. Ellos claro que saben que roncan, porque seguramente alguien se los ha dicho ya y, además, lo hacen en todas posiciones, no solamente boca arriba. Y yo diría que a veces parece que lo disfrutan. Lo que pasa es que no lo admiten.

3.- Son descarados cuando se les enfrenta en su mala costumbre: “¿Cómo que estoy roncando? ¡Si todavía estoy despierto!”

4.- Se hacen objeto del odio de todos los que no podemos dormir por los ronquidos: Quizás los roncadores lo ignoren, pero la verdad es que se vuelven objeto del odio de sus compañeros de cuarto, porque un ronquido no deja dormir a nadie. A nadie con oído, claro está. Porque hay gente de gente, hay gente medio sorda, gente para la que dormir es lo mismo que morir, porque no se enteran de nada. Esa gente forma parte de los afortunados para quienes los ronquidos no representan un problema. No es la mayoría, lamentablemente.

Así que, roncadores del mundo, sepan una cosa: este terrible mal los convierte en antisociales nocturnos. En gente que es odiada por las noches y cuyo destino final, en el mejor de los escenarios, será el cuarto de la televisión, o el sofá, porque si ustedes dicen que no es su culpa, les comento que su ronquido tampoco es culpa de nadie más. Así que mientras sigan amargando el sueño ajeno sin hacer nada al respecto (visitar a un otorrino que revise su tabique, parar ese pico en caso de que el peso les impida respirar bien, ir a una clínica del sueño a que le traten ese bendito problemita) serán ustedes objeto del odio más profundo que puedan imaginar: el que es producto del cansancio y del insomnio obligado. Y nunca, pero nunca, serán bien recordados por nadie, Así que, roncadores del mundo, no fomenten el odio: ¡Buscad una solución a su problema y dejad dormir a los demás!