viernes, diciembre 22, 2006

Reflexiones de una mente sin oficio Vol. 10: El sadismo en las historias infantiles

Ayer anunciaron el título original del último libro de Harry Potter: “Harry Potter and the Deathly Hollows”. Este lanzamiento despierta de nuevo las discusiones provocadas por las últimas entregas de Harry Potter: ¿Logrará nuestro héroe vencer a aquel que no puede ser nombrado? ¿O vencerá el mal esta vez? ¿Cómo será Hogwarts, luego de la increíblemente fácil muerte de Dumbledore? ¿Quién morirá en este último libro, Harry o Lord Voldemort?. Yo, sinceramente, no sé qué pensar.

Compré el primer libro de Harry Potter en 2000, cuando fue nombrado como uno de los personajes más importantes de ese año, por la revista Times. “Harry Potter y la piedra filosofal” era considerado el libro que había aproximado a las nuevas generaciones infantiles, hasta ahora sólo interesadas en los juegos de video, Internet y todas las innovaciones tecnológicas disponibles, a la lectura. Los niños abarrotaban las librerías en busca de esta obra, así como de las secuelas ya existentes para entonces: “Harry Potter y la cámara secreta” y “Harry Potter y el prisionero de Azkaban”. Y todos parecían contentos de ver a sus hijos leyendo historias mágicas y felices, que pronto formaron a ser parte de conversaciones familiares, porque hasta los padres, los tíos y los abuelos se vieron cautivados por Harry y la magia de sus aventuras.

Cuando la comencé a leer, me capturó enseguida. Me sacó del mundo en que vivimos, para trasladarme a un lugar donde todos querríamos vivir y estudiar. Un mundo donde la magia es la vida. Para mí fue una felicidad para compartir con todos los que me rodeaban. Y los que me rodeaban se sintieron igual que yo: cautivados por Harry, por Ron, por Hermione y por el imaginario de Hogwarts.

Pero lamentablemente esa felicidad llegó a su fin para mí con el quinto libro “Harry Potter y la Orden del Fénix”. En esta entrega, el padrino de Harry, Sirius Black, única figura protectora familiar de Harry, muere de manos de una mortífaga. Eso fue un aterrizaje demasiado forzoso a la realidad. Fue borrar la sonrisa que me producían esos libros. Ya de por sí era demasiado para mí que Harry fuera huérfano. Era un guiño Disney que me costó digerir, pero que al final entendí como algo inherente a las historias infantiles con que crecí. Y es ahí adonde voy: no entiendo ni entenderé nunca el sadismo en las historias infantiles. Las historias para niños no deberían ser sádicas. Se puede ser aleccionador sin torturar. ¿Por qué la mayoría de las historias infantiles tienen protagonistas huérfanos de alguno de los padres o inclusive de los dos? ¿Por qué sus escritores se empeñan una y otra vez en reforzar la ausencia del papá, o de la mamá, en la mayoría de los casos? ¿Es que acaso no saben que ese es el mayor temor que tiene uno cuando es niño? ¿O lo saben y por eso se afincan en eso, por sadismo? ¿Por qué la madre de Bambi muere de un disparo que él mismo llega a escuchar? ¿Por qué los padres de la Cenicienta y de Blancanieves tuvieron que casarse con esas dos brujas para luego morir así mismo? ¿Por qué el padre de Simba, en el Rey León, muere de esa manera tan terrible? ¿Por qué Nemo también pierde a su madre? ¿Y la madre de Marco? ¿No podía llevárselo consigo? ¿No podía al menos llamarlo para hacerle saber que estaba bien, de manera que él no dejara de manera tan desesperada su humilde morada en un pueblo italiano al pie de la montaña, para buscarla? ¿Quién compuso el tema, además? ¿Quién escribió eso de “No te vayas mamá, no te alejes de mí, adiós mamá, pensaré mucho en ti”? ¿Y el padre de Dumbo? ¡Brilla por su ausencia! Y la madre protagoniza en su encierro una escena que aún hoy día haría llorar hasta al más plantado. No entiendo por qué las películas para niños tienen esa carga de sadismo y quisiera que algún día eso cambiara. Por ahora sólo espero que J.K. Rowlings no se anote de nuevo en esa y no mate a Harry.

miércoles, diciembre 20, 2006

Reflexiones de una mente sin oficio Vol. 9: En los aviones (o autobuses voladores)

Cuando yo era pequeña, la única oportunidad al año que tenía de subir a un avión era cuando viajábamos a Margarita, en las vacaciones escolares. Ese recorrido duraba aproximadamente 45 minutos. Con el regreso, sumaban 90 minutos. Para mí, eran los mejores 90 minutos del año. 90 minutos en pleno aire. 90 minutos volando. Yo no perdía ni un segundo. Me encantaba ver cómo las casas, los edificios, los carros, todo se hacía chiquitico a medida que yo iba subiendo. No me perdía ni un segundo de la vista. Me parecía de lo más chic viajar. Prestaba ávida atención a todo el paisaje desde la ventanita. Todo era mar, pero no importaba. Eran 45 minutos de mar visto desde arriba. Lo máximo.

Pero cuando uno va creciendo, las cosas divertidas de la infancia se tornan más bien aburridas. Y el viajar no fue excepción (me refiero exclusivamente a la acción de viajar en el avión, no de viajar a conocer, eso me encanta, me refiero únicamente al traslado aéreo, desde el aeropuerto de origen hasta el aeropuerto de destino). Sobre todo desde que siento que los aviones son fácilmente comparables con los autobuses. Ahora los percibo como autobuses voladores. Cuando viajaba a Margarita, para mí sólo existían el avión y yo. Lo demás, no importaba. Ahora, hay unas cuantas especies humanas que hacen del viajar algo no tan placentero. Que me hacen sentir en un autobús común y corriente, no en el confort de un avión. Claro que esto depende del nivel de suerte que tenga el viajero, por supuesto. Me permito enumerarlas para ustedes:

1.- Los pasajeros que se toman todo su tiempo en el pasillo, acomodando su equipaje: Hablemos claro. En la gran mayoría de las aerolíneas sólo permiten dos piezas de tamaño cada vez más reducido. La pieza más grande debe ir en el compartimiento de arriba. Y la pieza pequeña, debajo del asiento debajo de usted. Entonces, siendo esto así, ¿Por qué hay personas que se toman una eternidad en colocar una maleta en un compartimiento superior? ¿Es que el pasillo es tan cómodo así como para permanecer absolutamente atravesado durante tanto rato? Es curioso, pero muchos vuelos albergan a esta especie que tanto retrasa el abordaje a las aeronaves.

2.- Las aeromozas descorteses: Hay aeromozas de aeromozas. Las que fingen no hablar tu propio idioma, o los otros que sabes hablar, cuando fácilmente puede ser hasta compatriota tuya. Una vez me ocurrió en un vuelo de Air France. La mujer me hablaba en francés, sin hacer el más mínimo esfuerzo por comprender que yo sólo entendía bonjour y merci. Y ninguna de esas dos palabras me servían para explicarle que todos los compartimientos para el equipaje de mano estaban ocupados y que yo no sabía dónde encasquetar el bolso de mochilera que cargaba. Después, la vi hablando en perfecto inglés, cuando a mí me había despreciado mis varios intentos de explicarle mi situación en esa lengua. Me miraba como si le estuviera hablando en mandarín. Creo que los distintos cursos de francés que he tomado desde entonces, han sido una especie de venganza contra ella y su falta de colaboración. Otro tipo de aeromoza despreciable es el correspondiente a las amargadas gratuitas. Simplemente la amargura es su estado natural y los viajeros tienen que entenderlo y atenerse a ello. Siempre he pensado que debe ser por el peinado. ¿Quién puede ser feliz con esos moños tan tensos que se hacen esas mujeres? El pelo tan estirado hacia atrás convierte en asiáticas hasta a las más occidentales. Es tanta la tensión del moño que estira la cara y se rasgan hasta los ojos, pobres. También he pensado que puedan ser los zapatos, o el uniforme, o el maquillaje. Los zapatos son altos. El uniforme luce incomodísimo: camisas con volantes y con corbata, cerradas hasta arriba. El maquillaje es exagerado también. Algunas aeromozas se me han antojado travestis con toda esa pintura en la cara. Comprendo que esa combinación del peinado, el maquillaje, el uniforme y los zapatos, pueda producir amargura hasta en la persona más feliz. La amargada que recuerdo con más gracia fue una aeromoza de Aeropostal. Por alguna razón, el aire acondicionado del avión permaneció apagado hasta después del despegue, así que el calor era de fábula. Esta chica pasó entonces por el pasillo, abanicándose el rostro sudado con una de las revistitas esas que están en el bolsillo de los asientos. Mientras trataba de airearse batiendo la revista, miraba disgustada hacia los lados en su caminar por el pasillo, diciendo: “Abróchense lo’ cinturonejn, abróchense lo’ cinturonejn”.

3.- Los pasajeros que no se bañan antes de viajar: Hay personas (en su mayoría de países no americanos) que optan por no bañarse antes del vuelo. A veces, el último baño ha tenido lugar días o incluso semanas antes del viaje. El individuo entonces llega con un olor a cebolla macerada que no deja vivir a sus compañeros pasajeros durante el encierro del trayecto.

4.- La tripulación que no habla bien los idiomas: Este es un momento gracioso garantizado en la mayoría de los vuelos: Cuando la tripulación habla por los altoparlantes del avión, normalmente lo hacen en varios idiomas. Regularmente uno de esos idiomas está tan mal pronunciado que, no sólo no se entiende, sino que se convierte en un motivo de risas durante la transmisión. El piloto puede estar diciendo “Debemos realizar un amerizaje de emergencia, las probabilidades de morir son altas” y su pronunciación siempre será inentendible y risible. Es mucho más cómodo viajar cuando entiendes más de un idioma, porque así tendrás más oportunidad de enterarte de lo que sucede, en el único idioma que hable bien los miembros de la tripulación.

5.- Los pateadores de asientos: Esta especie no sólo está en el cine. En los aviones también podemos encontrar pateadores traseros de asientos. Y no sólo eso, también hay personas obsesionadas con la mesita. La abren, la cierran, la abren de nuevo, la vuelven a cerrar. Y si uno es el desafortunado ocupando el asiento delante del obsesivo con la mesita, el bamboleo es insoportable. Normalmente estos pasajeros fascinados con la mesa, no suelen pasar los doce años. Pero si te toca el ejecutivo adicto al trabajo como vecino trasero de asiento, puedes ser víctima del molesto bamboleo, porque en algún lado tiene que poner su laptop para no perder tiempo de trabajo durante el vuelo. En ese caso puedes rezar porque el aparato tenga problemas de energía, así la batería no durará mucho y el bamboleo será siempre más breve.

6.- El/La conversadora: Son esas personas que no se aprovisionan de entretenimiento para el viaje, porque cuentan con que siempre podrán conversar con su vecino de asiento. Por tanto, prescinden de todo tipo de libros, revistas, periódicos, Ipods, mp3 players y todo lo que pueda significar un peso extra y una incomodidad, porque, total, siempre podrán contar con conversar con alguien más.


7.- Los que no llevan bolígrafo: Hay gente que olvida por completo que en el avión se llenan planillas de aduana y de entrada al país destino. Y por tanto, NUNCA tienen bolígrafo. Deben recurrir al favor ajeno siempre.

8.- Los que se duermen durante el vuelo y roncan: Es una linda manera de amargarle el vuelo a los que no soportamos el ronquido. No puede ser que pierdan tanto control de sí mismo.

9.- Los lectores nocturnos: Se complacen leyendo en los vuelos de noche. En vez de dormir, como se debe hacer a esas horas, el lector enciende su lamparita, alumbrando así la aeronave y los rostros de quieres preferirían dormir en oscuridad. Nice.

10.- Los sordos: Conversan a un volumen bastante elevado de voz. Así sus compañeros de viaje podrán estar enterados de todo cuanto él comenta.

11.- Los pasajeros con problemas de gases: Por favor, quien no haya sentido en un avión la flatulencia despedida del cuerpo indispuesto de alguien, considérese afortunado. A mí me ha pasado y es de las cosas más desagradables del mundo. Además, no sé, pero a esa altura, los olores permanecen más tiempo, no sé.

Lo bueno de todo esto es que estas especies desaparecen de nuestras vidas una vez que llegamos a nuestro destino. Sólo nos acompañan durante unas horas y luego se funden en la masa de turistas que abarrota los aeropuertos diariamente. A los que vayan a viajar por las fiestas, traten de no formar parte de estos especímenes cuando aborden el avión y, sobre todo, traten de mantenerse alejados de ellos. Abróchense los cinturones y ¡Felices Fiestas!

jueves, diciembre 14, 2006

Reflexiones de una mente sin oficio Vol. 8: El secuestro del color

A mí me gusta vestir de colores. Sólo en ocasiones formales recurro al negro, o a los colores oscuros, pero regularmente, prefiero vestirme de colores. Y desde pequeña, mi color favorito ha sido el rojo. Tenía muchas ropas rojas, accesorios para el pelo rojos, bolsos rojos, cosas rojas. Pero desde hace un tiempo, creo que el inconsciente colectivo me llevó a excluir de mi armario al color rojo (rojito). No hubo nada rojo en mi ropa desde hace algunos años, a esta parte. Y resulta que, hace unos meses, me regalaron una gorra roja de Adidas. Semanas después, una cartera roja. Semanas después, un suéter rojo. Los regalos fueron casuales, sin insinuaciones ulteriores. Al principio, sentí cierta conmoción de usar un color que viene identificando a un sistema con el que no me identifico para nada. Pero después me detuve y dije: “Un momento. Este fue siempre mi color favorito. Y resulta que he permitido el secuestro que hizo esa gente del color rojo. ¡No puede ser!”.

No puede ser que yo les haya concedido a ellos la exclusividad de usar mi color favorito para vestir sus fechorías. No puede ser que yo me haya privado de usar el rojo que tanto me gusta, porque ahora uno no puede evitar recordar el “rojo-rojito” sin sentir que la arcada viene, poderosa. No puede ser que el régimen y los zurdos de pacotilla se apoderen de un color que también nos pertenece a los que no compartimos esa idea. No puede ser. Por lo tanto, he decidido darle la bienvenida de nuevo al color rojo apolítico a mi vida. ¡Larga vida a los colores y muerte a los tiranos que pretenden politizarlos!

miércoles, diciembre 13, 2006

Reflexiones de una mente sin oficio Vol. 7: Sobre mi sobrina, la celebridad. Parte II


Cuando la vi, cinco meses después de la última vez, lo primero que alcancé a decir fue: “En persona es igualita a las fotos”. Tal como piensa uno cuando ve a una celebridad que luce como en sus fotografías. La detallaba. Un poco más gordita, más grande, pero con la misma carita.

Cuando llegamos a la fiesta de Acción de Gracias, fue la sensación del lugar. Con su vestido de raso, cautivó a los presentes y los flashes la bañaban desde todos los ángulos. Todos tomaban fotos y fotos, con su tío Fulano, con el primo Mengano… “Qué linda Sophia” “Qué bello vestido, ¿Dónde lo compraron?” “Por favor, luego mándenme fotos de ella para mostrárselas a mis amigos”. Desde algún lugar, alguien la estaba mirando, alguien distinto la cargaba, todos atentos a sus movimientos. Y fue lo primero que todos agradecimos esa noche: la presencia en nuestras vidas de Sophia, la celebridad.

sábado, diciembre 09, 2006

Reflexiones de una mente sin oficio Vol. 6: La planilla para salir

Siempre me ha parecido que el dating game es bastante complicado. En la mayoría de los casos (mientras no se consigue a la que es o al que es) se pasa por momentos desagradables: que si me dijo para salir y después no me llamó, que tiene el celular apagado desde que salimos la semana pasada, que si los fines no puede salir conmigo, que si tiene mucho trabajo y no tiene chance de vernos, que resulta que es chavista y yo no sabía, que si ahora fuma tanto cuando me había dicho que ya lo había dejado, que si llama demasiado, que nunca llama… e infinidad de cosas que le toca a uno descubrir en el camino a lo que podría ser una relación.

A veces corremos con suerte y las cosas fluyen tranquilamente, sin tropezones de importancia. Pero a veces, no. Y en esas veces en las que “no”, se suele perder mucho tiempo. Por eso, entre mis amigos y yo ideamos “la planilla”.

“La planilla” (escrito a partir de ahora sin comillas) no es más que una forma para ayudarlo a uno a no perder tiempo y energía. La utilización de este maravilloso documento vendría a funcionar de la siguiente manera: cada quien tendría su propio modelo de planilla, diseñada por él mismo, en donde se expusieran las exigencias mínimas para el prospecto de relación, sus niveles de tolerancia frente a fenómenos y lo que espera de la posible pareja. En el momento en que se decida salir con alguien, debería ocurrir un intercambio de planillas. Cada quien entregaría la suya al prospecto de novi@ (o cualquier variante de relación), y al recibir la entregada en ese intercambio, debería proceder a llenarla HONESTAMENTE. Una vez llenadas las planillas, se intercambian nuevamente y se leen. La lectura de la planilla llenada por la persona que a usted le gusta, deberá ser suficiente para saber (basándose en la precisión de sus preguntas y exigencias) si esa persona de hecho satisface las características que usted está buscando en alguien. De ser así, podrá usted comenzar a salir tranquilamente con esa persona, sabiendo que no le saldrá con nada inesperado en cuanto a esas exigencias se refiere (si la persona la completó HONESTAMENTE, claro está). Y si las respuestas no llenaran las exigencias mínimas expuestas en su planilla, entonces usted tendría todo el derecho de descartar directamente a esa persona, sin necesidad de ninguna excusa masticada (“No soy tú, soy yo” “La verdad es que justo ahora no estoy buscando una relación seria” “Es que mi ex me está amenazando con suicidarse y tú me dirás” “Es que en realidad me voy del país la semana que viene y me acabo de enterar hoy” “Es que creo que prefiero estar solo ahora, verás, tengo mucho trabajo). Usted simplemente podrá decir: “Oye, según tus respuestas, creo que esto no va a funcionar, así que prefiero no empezar algo que sé no prosperará”. Y allí no habrá derecho a pataleo, porque las respuestas habrán venido del puño y letra del rechazado.

¿No les parece que sería una buena manera de evitar la pérdida de tiempo y energía en algo que no irá para ningún lado? ¿No les parece que la planilla evitaría muchas ilusiones –y posteriores desilusiones- en vano? Para mejor ilustración, aquí va un modelo de planilla que es una fusión de algunas de mis exigencias junto con las de mis amigos.

PLANILLA PARA SALIR (Llenar en letra de molde, por favor)

Antes de responder, complete lo siguiente, por favor:

¿En qué plan de salida anda usted actualmente?


____ Plan “Guachafita”

____ Plan “Buscando noviazgo simple, sin intenciones serias”
____Plan “Buscando noviazgo serio, con miras a matrimonio”
____ Plan “Un clavo saca a otro clavo”
____ Plan “Alternativas a mi noviazgo aburrido”
____ Plan “Alternativas a mi matrimonio aburrido”
____ Otro plan X (Justifique esta respuesta)


1.- Escriba a continuación todos sus nombres y apellidos

2.- En caso de poseer un nombre raro ¿Sabe usted la procedencia de ese nombre? Escoja la selección que más se ajuste a su respuesta:

a.- ____ Es una mezcla de nombres de mi familia
b.- ____ Es el nombre de un personaje de un libro, o de una princesa maya, o de una ex de mi tío.
c.-____ Es el nombre de mi mamá/papá
d.- ____Mis papás eran/son hippies
e.- ____ No tengo la menor idea

En caso de que la respuesta sea a, b, c, d ó e: ¿A usted le gusta su nombre? ¿Querría ponérselo a algún hijo suyo? Justifique su respuesta.


3.- Escriba a continuación su verdadera fecha de nacimiento, así como su lugar de procedencia.

En caso de que su procedencia sea maracucha, ¿Se considera usted venezolano? Si su respuesta es “No”, explique por qué. Justifique su respuesta. En caso de ser extranjero, o de familia extranjera ¿Su familia rechazaría que usted se relacionara con alguien venezolano? Responda honestamente, por favor.


4.- Escriba su profesión y la institución donde obtuvo su título. En caso de no poseer un título profesional, explique el porqué de esa situación (Sólo aplica para personas mayores de 24 años).


5.- ¿Cuántas llamadas por día estaría dispuesto a hacer a su pareja?
a.- ____ Menos de 3
b.- ____ De 3 a 6
c.- ____ Más de 6


6.- ¿Cuántas llamadas por día estaría dispuesto a recibir de su pareja?
a.- ____ Máximo 3
b.- ____ De 3 a 6, máximo
c.- ____ Las que quiera hacerme
d.- ____ Ninguna de las anteriores. Prefiero que me llame ____ veces, mínimo y ____ veces máximo

7.- Si usted llama al celular de su pareja y no contesta, o le responde la contestadora o le sale apagado, usted:
a.- ____ Vuelve a llamar una vez más
b.- ____ Vuelve a llamar de dos a tres veces, máximo
c.- ____ Deja un mensaje amable, haciendo saber que usted llamó (y espera una oportuna llamada de vuelta)
d.- ____ Deja un mensaje de reclamo ¿Dónde estás tú, que no me atiendes el teléfono?
e.- ____ Llama sin parar hasta que le respondan, sin importar que pasen días en eso.
f.- ____ Espera a que le devuelvan la llamada, sin dejar ningún mensaje

8.- ¿Qué tipo de películas le gusta a usted? Nombre algunos de sus filmes favoritos.


9.- ¿Disfruta usted de hablar en el cine, comenta las películas?


10.- ¿Qué tipo de música le gusta a usted? ¿Usted disfruta el joropo y la música llanera? ¿Le gusta el vallenato? ¿Qué opina del reggaeton? ¿Tiene algún otro gusto musical en particular? Nombre sus grupos y cantantes favoritos. Justifique su respuesta.


11.- ¿Comparte usted la idea de que Arjona debe ser colgado en cualquier plaza pública? O por el contrario ¿Lo considera usted “el mejor trovador contemporáneo”?


12.- ¿A qué religión pertenece usted? ¿Se considera un buen practicante de ella? ¿Saldría usted sólo con personas de esa misma religión? O por el contrario, ¿Disfrutaría usted de tener a una persona de otra cultura como pareja?


13.- ¿Permite que sus padres aprueben o desaprueben con quién sale usted?


14.- ¿Tiene usted mascotas? En caso de responder afirmativamente ¿Qué animales son? ¿Comparte con ellos la cama? ¿Les permite siquiera algún acceso a la cama?


15.- Esta pregunta es sólo para mujeres: ¿Suele usted pintarse las uñas de sus pies con colores escandalosos? ¿Vino tinto, rojo o negro? ¿O simplemente utiliza usted colores neutros o brillitos nada más?


16.- Si usted es mujer: ¿Utiliza trajes de baño tipo hilo dental? Si usted es hombre: ¿Utiliza trajes de baño tipo tanga?


17.- ¿Disfruta usted de la lectura? ¿O usted sólo abre los libros cuando está obligado por una exigencia escolar? ¿Usted es de los que dicen: “No leí el libro, pero vi la película” así como si una cosa fuera el equivalente cultural de la otra?


18.- ¿Tiene usted algún antecedente de desorden de conducta que haya ameritado la intervención de un psicólogo o psiquiatra?


19.- ¿Tiene usted obsesiones con su peso? ¿Vive siempre a dieta?


20.- ¿Se horroriza cuando escucha hablar de drogas? ¿O simplemente finge su horror para que nadie sepa que usted en realidad le echa pichón?


21.- ¿Usted habla de hijos y matrimonio luego de tres salidas con alguien?


22.- ¿Disfruta usted de realizar visitas sorpresa a la vivienda o trabajo de su pareja?


23.- ¿Le dedica usted baladas románticas a su pareja y posteriormente la llama “nuestra canción”?


24.- ¿Suele usted hablar de sus ex parejas y espera que su pareja actual le cuente todo sobre su pasado amoroso?


25.- ¿Es usted de los que piensan que “El que persevera vence” en el fin de las relaciones amorosas? ¿Es decir, se pasa usted de fastidioso cuando le dicen que se acabó?




Bueno, allí está. Una manera rápida de saber si plantearse algo o no con la persona que le gusta, sin pérdida de tiempo ni energía. Una maravilla, ¿no?

miércoles, diciembre 06, 2006

Reflexiones de una mente sin oficio Vol. 5: La alcancía

Mischa Barton, haciendo gala de su Libretazo Provincial
La alcancía. No el cochinito en el que depositábamos nuestros ahorros siendo niños. No. La alcancía trasera que mostramos involuntariamente cuando nos agachamos o cuando nos sentamos. Antes estaba reservada exclusivamente a los mecánicos, a los plomeros, a los obreros… pero desde hace algún tiempo, la moda de los jeans y pantalones de corte bajo nos ha expuesto a tod@s a las alcancías de tod@s.

La alcancía forma parte de las cosas que todos vemos, para luego hacernos los locos. Es como el moco en la nariz, la hierbita entre los dientes, la caspa en el pelo… todos alrededor lo vemos, todos lo sabemos, menos el pobre que la luce, porque nadie dice nada. Yo soy una de las tantas paranoicas con ese tema. Siempre estoy mirando medio disimuladamente hacia atrás, me pongo correas, suéters medio largos, para poder sentarme con tranquilidad o agacharme sin tanta angustia. Porque de verdad que es feo mostrar la alcancía y, aparte, es risible para los demás: Alguien se agacha, muestra inocentemente su alcancía y los demás alrededor hacemos todo nuestro esfuerzo por no soltar ni siquiera una sonrisita ante el detallito de ver el principio del trasero ajeno.

El ver la alcancía de alguien a veces me hace sentir una especie de intimidad morbosa con esa persona. Es como que estamos unidos por un recuerdo ciertamente único y unilateral, porque él o ella no lo sabe, en realidad. Ahora la conozco más de lo que quisiera y más de lo que esa persona querría, seguramente. Porque yo sé cómo empieza ese trasero a partir de ahora, gracias a un pantalón que en mala hora se puso. Y por algún tiempo, cada vez que mire a esa persona a la cara, el recuerdo de la alcancía se cruzará entre la mirada de esa persona y la mía. Ahí trataré de disimular la risa y continuar adelante con la vida. Porque algo que nunca se olvida, es el presenciar el asomo del trasero de alguien. Y a veces, si el dueño de la alcancía es alguien soberbio, me río pensando que esa pose de sobrado no le queda, porque si se agacha se convierte, sin saberlo, en la versión contemporánea del papel que alguna vez perteneció sólo a los mecánicos y a los camioneros. (Con todo el respeto que se merecen los mecánicos y los camionetos, ojo) : el del dueño de la alcancía expuesta y, por tanto, el objeto de la risa silenciosa de los demás.

Hay gente que confía en que no está mostrando la alcancía, porque no sienten “el fresquito” que se debería sentir si se expone esa parte. La verdad es que muchas veces no se siente tal fresquito. Si se sintiera, muchos advertirían que están mostrando libremente el comienzo de sus nalgas. Y la mayoría parece no darse cuenta.

En mi intento por evitar mostrar mi propia alcancía (que estoy segura que en más de una oportunidad se habrá asomado y obviamente no lo sé, porque nadie me lo va a decir y tampoco sentí el fresquito) he desarrollado técnicas alternativas para agacharme con menos riesgo. La cosa va más o menos así: se flexionan las rodillas, se arquea un poco la espalda hacia atrás y uno se agacha poco a poco así como metiendo el trasero, porque creo que sacarlo es producir un asomo inmediato de alcancía. Es incómodo, sí. Pero puede ayudar un poco a no mostrar la alcancía en los momentos en que vestimos esos jeans tan trendy pero tan exhibicionistas. Otra técnica que utilizo si me quiero agachar hacia delante es sujetar con una mano la parte trasera del jean, y así no se va tan abajo porque yo lo estoy halando hacia arriba. Según mi hermano, eso es peor que mostrar la alcancía misma, pero prefiero todo antes que revelar cómo empieza mi traserito.

Ver la alcancía es muy incómodo. Pero creo que equivalente a esa sensación que produce ver la alcancía ajena, es ver lo que podría ser el preludio a la alcancía: el asomo de la ropa interior. He visto de todo, desde pantaletas gigantes hasta hilos verdaderamente mínimos. Y encuentro igual de molestas ambas vistas. Las panties grandes regularmente son de telas horrendas, como brillosas, que pueden ir en tonalidades desde blanco percudido hasta color carne. Los hilos son siempre más variados. Los más terribles que he visto han sido rojos con aplicaciones de flores de tela, e incluso con un despliegue de pedrería. No sé quién puede vestir eso en la mañana para ir a la oficina, supongo que ese día tendrá seguramente planes más emocionantes que la oficina. Los hombres no se salvan del asomo de la ropa interior. Pero creo que los asomos masculinos que he visto no son tan desagradables como los femeninos, pero pueden tener consecuencias sorprendentes, en algunos casos. Una vez un amigo me contó que en su oficina un compañero se agachó y reveló unos interiores cuyo estampado consistía en rayas rojas mezcladas con rayas anaranjadas. Desde ese episodio, toda la oficina sospecha de las preferencias sexuales de él. En esos casos, quizás sea preferible entonces enseñar la alcancía. Al menos ella es algo que todos tenemos en común y que no va a llevar a los demás a sacar ninguna conclusión particular sobre nosotros, a diferencia de la ropa interior, que suele decir mucho de quien la viste.
Yo como que optaré por comprarme jeans más altos, compañero, qué va.