Reflexiones de una mente sin oficio Vol. 10: El sadismo en las historias infantiles
Ayer anunciaron el título original del último libro de Harry Potter: “Harry Potter and the Deathly Hollows”. Este lanzamiento despierta de nuevo las discusiones provocadas por las últimas entregas de Harry Potter: ¿Logrará nuestro héroe vencer a aquel que no puede ser nombrado? ¿O vencerá el mal esta vez? ¿Cómo será Hogwarts, luego de la increíblemente fácil muerte de Dumbledore? ¿Quién morirá en este último libro, Harry o Lord Voldemort?. Yo, sinceramente, no sé qué pensar.Compré el primer libro de Harry Potter en 2000, cuando fue nombrado como uno de los personajes más importantes de ese año, por la revista Times. “Harry Potter y la piedra filosofal” era considerado el libro que había aproximado a las nuevas generaciones infantiles, hasta ahora sólo interesadas en los juegos de video, Internet y todas las innovaciones tecnológicas disponibles, a la lectura. Los niños abarrotaban las librerías en busca de esta obra, así como de las secuelas ya existentes para entonces: “Harry Potter y la cámara secreta” y “Harry Potter y el prisionero de Azkaban”. Y todos parecían contentos de ver a sus hijos leyendo historias mágicas y felices, que pronto formaron a ser parte de conversaciones familiares, porque hasta los padres, los tíos y los abuelos se vieron cautivados por Harry y la magia de sus aventuras.
Cuando la comencé a leer, me capturó enseguida. Me sacó del mundo en que vivimos, para trasladarme a un lugar donde todos querríamos vivir y estudiar. Un mundo donde la magia es la vida. Para mí fue una felicidad para compartir con todos los que me rodeaban. Y los que me rodeaban se sintieron igual que yo: cautivados por Harry, por Ron, por Hermione y por el imaginario de Hogwarts.
Pero lamentablemente esa felicidad llegó a su fin para mí con el quinto libro “Harry Potter y la Orden del Fénix”. En esta entrega, el padrino de Harry, Sirius Black, única figura protectora familiar de Harry, muere de manos de una mortífaga. Eso fue un aterrizaje demasiado forzoso a la realidad. Fue borrar la sonrisa que me producían esos libros. Ya de por sí era demasiado para mí que Harry fuera huérfano. Era un guiño Disney que me costó digerir, pero que al final entendí como algo inherente a las historias infantiles con que crecí. Y es ahí adonde voy: no entiendo ni entenderé nunca el sadismo en las historias infantiles. Las historias para niños no deberían ser sádicas. Se puede ser aleccionador sin torturar. ¿Por qué la mayoría de las historias infantiles tienen protagonistas huérfanos de alguno de los padres o inclusive de los dos? ¿Por qué sus escritores se empeñan una y otra vez en reforzar la ausencia del papá, o de la mamá, en la mayoría de los casos? ¿Es que acaso no saben que ese es el mayor temor que tiene uno cuando es niño? ¿O lo saben y por eso se afincan en eso, por sadismo? ¿Por qué la madre de Bambi muere de un disparo que él mismo llega a escuchar? ¿Por qué los padres de la Cenicienta y de Blancanieves tuvieron que casarse con esas dos brujas para luego morir así mismo? ¿Por qué el padre de Simba, en el Rey León, muere de esa manera tan terrible? ¿Por qué Nemo también pierde a su madre? ¿Y la madre de Marco? ¿No podía llevárselo consigo? ¿No podía al menos llamarlo para hacerle saber que estaba bien, de manera que él no dejara de manera tan desesperada su humilde morada en un pueblo italiano al pie de la montaña, para buscarla? ¿Quién compuso el tema, además? ¿Quién escribió eso de “No te vayas mamá, no te alejes de mí, adiós mamá, pensaré mucho en ti”? ¿Y el padre de Dumbo? ¡Brilla por su ausencia! Y la madre protagoniza en su encierro una escena que aún hoy día haría llorar hasta al más plantado. No entiendo por qué las películas para niños tienen esa carga de sadismo y quisiera que algún día eso cambiara. Por ahora sólo espero que J.K. Rowlings no se anote de nuevo en esa y no mate a Harry.





