domingo, septiembre 02, 2007

En el mundo hay "algo"

Yo no sé bien qué será. No sé a qué atribuirselo, no sé si es una energía que nos dejan los que se van. No sé si es que nunca se van. No sé si es que nos dejan tanto por dentro que, aunque se vayan, siguen actuando a través de nosotros… no sé. Lo que sí sé es que, como decía mi abuela, hay “algo” en el mundo. ¿Quién no ha tenido una experiencia que le haga dudar de la muerte como el fin del todo? ¿Quién puede decir que jamás le ha pasado algo, ALGO, que lo deje pensando que existe un más allá que quizás no esté tan allá, sino inclusive un poco más acá de lo que nos han hecho pensar?. A mí me ha pasado. Y a varios a mi alrededor también. Comienzo hoy con el primer relato de una evidencia de que hay “algo” en el mundo.

Mi querido hermano Alfredo, el hijo de mi nana, que es mi segunda mamá, partió del mundo a una edad muy joven, en una circunstancia tan repentina que aún no me creo que ya no estará físicamente entre nosotros. Unos meses después de su partida, me encontraba buscando en mi habitación un accesorio para el pelo que me encantaba y que quería utilizar. No lo encontraba, no recordaba dónde lo había puesto. Desordené toda mi habitación y la volví a ordenar en la búsqueda el accesorio, un palito de madera tallado que me permitía hacerme unos moños muy coquetos. Mientras buscaba le pedía a Alfredo que me ayudara desde arriba a buscarlo. Hasta que me di por vencida. No estaba. Deshice la cama, la volví a hacer, vacié y llené de nuevo las gavetas. Nada.

Llegó la hora de dormir y me acosté, resignada a la pérdida de mi palito. Estaba un poco triste, porque me cuesta mucho aceptar las pérdidas… aunque sea de cosas pequeñas. Y en un momento escuché un sonido. Un sonido conocido por mí. Era el sonido inconfundible de mi palito cayendo en el piso. Me levanté azorada porque estaba durmiendo ya cuando lo escuché. Y al encender la luz, allí estaba. Mi palito descansaba en medio del suelo de mi habitación. Era el único objeto en el granito del piso, colocado derechito, perfecto en medio de la nada. Evidentemente no estaba ahí cuando me acosté, porque lo busqué desesperadamente y no se me habría escapado si hubiera estado derechito en medio del suelo. No sé cómo llegó allí. No sé si fue que Alfredo acudió a mi llamado de ayuda. Pero me gusta pensar que así fue. Porque, definitivamente, hay “algo” en el mundo.